Actúa para visibilizar la salud femenina

28 de Mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres

Desde Vanguardia Feminista queremos recordar que la mitad de la humanidad tiene una biología diferente a la otra mitad y eso se traduce en una salud diferente y una diferente respuesta a las enfermedades.

Por un lado, sufrimos la falta de recursos y avances en cuanto a la salud relacionada con nuestro papel en la reproducción que no tenga una relación directa con dicha función, a saber:

  • Dolores menstruales,
  • desajustes hormonales,
  • endometriosis,
  • ovarios poliquísticos…

Llevan siglos de retraso en su estudio y tratamiento. Por increíble que parezca, en pleno siglo XXI, en que la medicina alcanza tales avances que es capaz de curar enfermedades mortales hace apenas treinta años, los cólicos horrorosos que muchas mujeres sufren durante la menstruación, aún no tienen un medicamento que los elimine. De hecho, no hay casi estudios sobre su origen, tratamiento, etc.

Además, en España hoy en día y en muchas más partes del mundo, las mujeres somos también víctimas de un trato degradante y vejatorio en los centros públicos en salud ginecológica, tanto en el tratamiento del embarazo y el parto, como en consultas no relacionadas con este aspecto.

De otra parte, seguimos siendo víctimas de una sintomatología diversa a la masculina debido a nuestra biología en varias enfermedades. Siguen muriendo mujeres de infartos porque no se supieron identificar unos síntomas que no están recogidos por una ciencia gobernada por un androcentrismo milenario.

La especie humana no es distinta a otras, también presenta un dimorfismo sexual que no es otra cosa que las diferencias externas que se observan entre machos (hombres) y hembras (mujeres) en una misma especie. En la humana, por ejemplo, pueden citarse la barba, en el caso de los hombres, y el desarrollo de las mamas en el de las mujeres, aparte de la evidente diferencia de los genitales.

Esta diferencia sexual no solo afecta en la apariencia externa, sino que también influye en el funcionamiento y las reacciones corporales. Por este motivo, que las mujeres sean ignoradas en la investigación y en la medicina tiene efectos nefastos en nuestra salud. Han sido desdeñadas hasta el punto de que ni tan siquiera las pruebas previas con ratones se han hecho con hembras. Todo ello conduce a la sobremedicación y el infradiagnóstico femenino. Así, por ejemplo, las mujeres sufren el 60% de efectos secundarios de los fármacos porque los resultados de las investigaciones realizadas con hombres se extrapolan a las mujeres.

La sobremedicación es otro de los grandes problemas al que tiene que enfrentarse el sexo femenino en el ámbito médico. Tomamos entre el tríple y el cuádruple de ansiolíticos y antidepresivos más que los hombres. Esto no significa que biológicamente seamos más proclives a tener depresión, lo que estas cifras ocultan es, por un lado, que a las mujeres se las toma menos en serio cuando se quejan de cansancio o estrés, y por otro, que no se tienen en cuenta las múltiples fuentes de estrés y violencia que sufrimos por nacer mujeres: doble jornada, trabajo de cuidados no remunerado, agresiones, abusos y acoso sexuales, discriminación laboral, maltrato y un larguísimo etcétera. La lógica es simple: más rápido y sencillo es medicarlas que atajar el problema de raíz, un problema estructural y sistémico que se nutre de nuestra opresión para seguir viviendo mientras a nosotras nos matan de muy diversas maneras.

Los diagnósticos tardíos están también a la orden del día en las múltiples consecuencias de esta invisibilización de la mujer en el sector de la salud. Así, por ejemplo, ya se está denunciando que tardamos más en ser diagnosticadas con cáncer de pulmón, de cabeza y cuello o de ictus. Otro ejemplo es el de la endometriosis, una enfermedad que sufre el 2% de las mujeres y que tarda en diagnosticarse unos siete años porque se ha normalizado el dolor menstrual, pese a no serlo. El dolor que manifiestan las mujeres es infravalorado, se receta la píldora anticonceptiva como si de la panacea se tratase en lo que a irregularidades menstruales se refiere y no se las ofrece una atención digna. En general, recibimos diagnósticos más tarde porque tenemos que luchar para que nos den credibilidad en la consulta.

Y en estos momentos en que aún queda tanto por luchar y conseguir en cuanto a derechos sanitarios nos encontramos con el entrismo queer que viene a priorizar las necesidades de los hombres que han decidido qué es ser mujer y aplicárselo para volver otra vez la mirada médica a su biología y su cuerpo.

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