El libro que el transactivismo no quiere que leas

Por Beatriz S.J.

La periodista estadounidense Abigail Shrier realizó una investigación sobre cómo el transgenerismo está captando a niñas adolescentes para que transicionen. Aproximadamente 200 entrevistas son las que han hecho posible este libro, el cual han tratado de boicotear en más de una ocasión: Irreversible Damage: The transgender Craze Seducing Our Daughters (Daño Irreversible: la moda transgénero que seduce a nuestras hijas).

Durante la entrevista que Abigail concedió a Joe Rogan (actualmente no disponible en YouTube) cuenta que muchas de esas transiciones de chicas a chico se hacen por aceptación social. Sí, son chicas que se sienten solas, tienen problemas de depresión o ansiedad y así pasan a formar parte de una comunidad donde ese sentimiento se atenúa. 

En este sentido, las RRSS funcionan como foro. Ponen en contacto a personas que se animan entre sí a hacer la transición, de la misma forma que las anoréxicas se animan entre sí a perder peso y se dan trucos para hacerlo.Hablamos por tanto de adolescentes para las que la aceptación social es vital, por ello nunca van a ir a contracorriente, porque eso supondría la expulsión de ese círculo de aceptación.

A esto hay que añadirle los y las influencers trans (más las que los) que les prometen que tras transicionar todo va a ir mejor. Nadie las habla de todos los riesgos que tiene el hormonarse (infertilidad, enfermedades cardiovasculares, alopecia, pérdida de densidad ósea, etc).

Pero no perdamos algo de vista: quien tiene disforia no transiciona por ser aceptado. ¿Dónde está el problema? En que el transactivismo y el lobby están convirtiendo este trastorno, que es real, en un discurso de odio, lo que imposibilita el diagnóstico. Esto, simultáneamente, implica que aquellos que realmente padecen incongruencia de género no están recibiendo una atención de calidad en los servicios de salud. A la vez, personas que se autodiagnostican con disforia sin realmente tenerla tampoco pueden recibir una atención de calidad que realmente diagnostique cuál es el origen del problema para tratarlo, ya que tras el autodiagnóstico solo acuden al médico para que este les confirme lo que ellos ya han decidido que tienen. De ahí la importancia de un diagnóstico certero.

Si transicionas sin tener disforia tarde o temprano te arrepentirás y tu cuerpo habrá sufrido unos daños irreparables. Por no mencionar los psicológicos. Porque la transición no es el paraíso y el camino de rosas que venden desde el transactivismo. Abigail también explica que apenas se conocen los efectos a largo plazo de meter altas dosis de testosterona en el cuerpo de una mujer. Por lo que sí, podemos hablar de experimentación con adolescentes.

Se ha llegado a un punto en el que son las adolescentes las que se autodiagnostican la disforia. No van al médico a que intente llegar al problema que hay realmente detrás, sino a que les dé la razón. Se niega la enfermedad y esta se transforma en identidad.

¿Cómo va un doctor a negarle a alguien su identidad? No hay manera de rebatirlo o de analizarlo. De hecho, Abigail explica que doctores a los que ha entrevistado confiesan tener miedo a que les tachen de tránsfobos si no aceptan a la primera.

Por otra parte están los padres. Padres que no están en contra de los derechos LGTBI, pero que creen que su hija no es trans, que el problema es otro. Pero se les dice que si no dejan que transicione su hija podría suicidarse. Tampoco les informan de los riesgos de hormonarse.

No les queda más remedio que apoyar a sus hijas y empujarlas, sin saberlo, a un abismo porque se les oculta información y se practica chantaje emocional contra ellos. ¿A quién beneficia todo esto?

Las personas que se arrepienten después de transicionar son silenciadas. © LAURA DODSWORTH

En cifras, Abigail afirma que en EEUU alrededor de 1 millón de adolescentes se está autodiagnosticando con disforia, la mayoría mujeres. Del 0,01% de población transexual se ha pasado al 2% solo en institutos. Lo mismo en Reino Unido, donde las transiciones de mujer a hombre se multiplicaron un 4.000%. Además, es muy llamativo que afecte especialmente a las adolescentes, no a las mujeres en general. Pues como señala Abigail no se dan casos de mujeres de 40, 50 ó 60 años que estén transicionando a hombres porque dado el contexto social, ahora más tolerante y con mayor tasa de aceptación de las personas transexuales, es cuando se sienten preparadas para dar el paso; sino que es la misma población, la adolescente, la que sufre bulimia o anorexia, entre otras cosas, la que está cayendo en las transiciones. 

Este aumento sin duda contrasta con la visibilidad de esta población, ya que la mayoría de transactivistas son hombres transfemeninos.No hay más que ver el vídeo que el Ministerio de Igualdad ha compartido recientemente. Tres hombres transfemeninos frente a un hombre transexual. Tres hombres biológicos frente a una mujer. ¿Y quiénes son los que quieren invadir los espacios de mujeres a la fuerza?

En definitiva, lo que denuncia Abigail es que algo está sucediendo con las niñas en EEUU (donde hay vigente una “ley trans” como la que se quiere aprobar en España) y la cultura de la cancelación está impidiendo investigar y llegar al fondo del asunto.

¿Por qué? Porque se tiene miedo. Miedo a perder el trabajo, a ser insultado, a ser amenazado. Eso ya está pasando en España. Por eso hablamos de dogma y pseudoreligión, porque quieren imponer sus creencias a toda costa y cuestionarlas implica la persecución.

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